13 de maig de 2012

Una alegría inagotable (Jn 15,9-17)







Una alegría inagotable

Jn 15,9-17
La razón de nuestra alegría es el amor hasta el extremo que Jesús ha manifestado por nosotros. No hay amor más grande. La fidelidad, la reciprocidad, el permanecer conectados como el sarmiento a la vid es la respuesta que podemos dar ante tanta desmesura. Llamados a amar y a permanecer en el Amor de Cristo, en su amistad, es nuestra vocación y misión. Quien vive pendiente de alegrías externas, eventuales, dependientes de éxitos y valoraciones externas, no conoce el significado de la esencia de la alegría. Solo podemos conocer la alegría verdadera por la manifestación que nos hace Jesús de su amor. Ante tanto amor, solo cabe que brote en el interior una fuente que, gracias al bautismo, salta hasta la vida eterna. Una fuente que no se agota y que empapa la existencia de ganas de entregarse y vivir unidos, como hermanos, a la vid.
Padre, Hijo y Espíritu viven unidos a una humanidad que, en los más pequeños, nos muestra la grandeza del amor y de vivir unidos al abrazo de Dios.
Esta semana, el 10 de mayo, celebraremos a San Damián de Molokai, apóstol de los enfermos de lepra, de los excluidos. Recordémosle: “No tengan la menor inquietud por mí, pues cuando se sirve a Dios se es siempre feliz” (San Damián de Molokai).

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